domingo, 10 de octubre de 2010

EL YOGA DE LA MEDITACIÓN

CAPÍTULO 2
IMPEDIMENTOS EN MEDITACIÓN

Entre más tratamos de entender la vida, más complicada se muestra, y más trata de eludir nuestro entendimiento. La sabiduría humana parece ser inadecuada para la tarea de manejar la situación en un mundo de fuerzas ininteligibles y hechos extraños que golpean fuerte el corazón del hombre. Mucha de la dificultad radica en entender la estructura de nuestra propia personalidad, la cual está compuesta por elementos que no siempre están dentro del alcance de la percepción normal. La verdad del asunto es que el hombre vive en un mundo de fuerzas y no de personas y cosas. Manejar personas y cosas es asunto diferente a manejar fuerzas. Porque la actitud humana varía cuando se dirige hacia un centro de fuerza, o hacia una persona o cosa. Es naturalmente imposible tener emociones de amor y odio con relación a un centro de fuerza que está entrelazado con otros centros similares en el mundo. Pero en relación con las personas y las cosas, uno experimenta un tumulto de emociones. Esto sucede por los modos diferentes en la evaluación de los valores. En una persona vemos algo que no podemos ver en un centro de fuerza, tal como un chiquillo ve algo en un muñeco, mientras que una mente adulta no ve nada en él. El chiquillo vincula un valor especial a un muñeco o, por ejemplo, a un auto hechos de azúcar. Para el chico son reales, en tanto que para una mente madura, son solo necios objetos hechos de azúcar. Aquí yace toda la diferencia entre el niño y el adulto. Mientras el niño ve la forma, el adulto ve la sustancia. El valor para el chico está en la forma y el color, mientras que el valor para el adulto está en la esencia. El adulto se divierte ante la evaluación de valores del niño, pues allí no hay la cosa que el niño ve, sino lo que el adulto ve.

Los centros de energía interfieren con nuestras personalidades en variadas de formas. Ese centro particular de fuerza, que por el momento exhibe caracteres de una estructura que en ese instante es el exacto contrario correlativo del modelo estructural de la individualidad de una persona, se convierte en un objeto de atracción y amor para la persona, y sucede un trastorno emocional en relación con ese centro de fuerza que se visualiza como un objeto localizado, debido a la capacidad limitada de percepción visual en el ser humano. Pero cuando en el curso del proceso de evolución natural de todas las cosas, los modelos estructurales de esos centros de fuerza ‘relacionados’, sufran automáticamente un cambio tal que modifiquen por completo sus formas en un espacio temporal dado, se dice entonces que hay lo que llamamos una aflicción, una pérdida de la posesión y, como consecuencia, una pena del corazón. Las penas parecen inevitables para el ser humano, cuando éste rechaza ver las cosas correctamente debido a su matrimonio con los sentidos, los cuales no pueden ver siquiera lo que hay debajo de su propia piel. El ojo humano no puede ver lo que los rayos X o el microscopio pueden ver. Tal como el ojo de un niño es incapaz de indagar en la sustancia del muñeco de azúcar, la visión humana no puede tener acceso a la estructura interna de los objetos y los toma por cuerpos sólidos, cuando en realidad son centros giratorios de energía. El microscopio verá nuestro cuerpo de forma diferente de lo que lo ven nuestros propios ojos. Y este error de la vista es lo que nos hace ver valor en las cosas. De la misma forma, nuestros otros sentidos hacen travesuras con nosotros. El gusto a la lengua, el olor a la nariz, el sonido a los oídos y el tacto a la piel, son en realidad diferentes fenómenos psicológicos producidos dentro de nuestro sistema cuando las vibraciones de los diferentes centros de energía universal interfieren en diversas formas con nuestros sentidos. Esta diferencia se debe, de nuevo, a la desemejanza en la estructura de nuestros sentidos. Tal como la misma electricidad congela cosas en el refrigerador, hierve nuestro té en una estufa y mueve un tren sobre los rieles, por la diferencia en el medio estructural a través del cual se manifiesta, así la energía universal se recibe como color por los ojos, sonido por los oídos, olor por la nariz, gusto por la lengua, y tacto por la piel. La forma en que vemos un cuerpo es la manera por la cual nuestra personalidad total es capaz de reaccionar ante un centro de energía universal.

Cuando se intenta entrar en el campo de la vida espiritual no es suficiente si uno solo trata de entender cómo concentrar la conciencia en el concepto de la realidad, sino que es igualmente importante conocer las formas como uno puede fácilmente desviarse del esfuerzo. La mayor oposición que el buscador debe enfrentar en sus ardientes propósitos viene de las informaciones de los sentidos, que comienzan a protestar porque encuentran belleza y significado en las cosas de formas múltiples, así que tienen razones para amarlas, mientras que la conciencia investigativa interna arguye que la realidad debe ser una. Por esta razón, en las meditaciones espirituales sobre la idea de la realidad los sentidos se rebelan y compelen a la conciencia a poner atención a sus gustos. Los sentidos parecen no gustar de una actitud que no pueda apreciar que hay objetos localizados para amar con satisfacción.

La conciencia universal parece disiparse y encerrarse ella misma en los centros giratorios de fuerza, los cuales son nuestros objetos, y se ve a sí misma como si en un espejo hubiera algo visible con lo cual, de hecho, no puede establecer ningún contacto y por lo tanto no puede ser poseído. La conciencia comienza a verse a sí misma en el objeto al transferirse a éste, y el objeto, al asumir la posición del sujeto, entonces es amado y mimado como si fuera el ser, y el sujeto es transportado al éxtasis por el sentimiento de posesión causado por el contacto psicológico con el objeto, que ha asumido el carácter de sujeto. Lo que se llama existencia mundana es en su mayor parte una danza del ego al son de sus deseos, y un arrebato contra cualquier oposición al cumplimiento de éstos. En el largo plazo, el deseo deja de ser en una función psicológica y asume un carácter metafísico, endureciéndose, por así decirlo, y convirtiéndose en un obstáculo que no puede ser superado fácilmente por el esfuerzo de la conciencia. El deseo de alimento y sexo, así como las demandas del ego para investirse de poder, reconocimiento y gloria, no son solo un acto mental que pueda acallarse con facilidad, sino la rigurosa acción de las fuerzas con las cuales la conciencia se ha enredado, fuerzas que la conciencia comienza a considerar como si fuera ella misma. El amor es doble: sensorial y egoísta. En las meditaciones espirituales los deseos se convierten en enemigos atrevidos que trabajan duro para desobedecer los intentos del espíritu por realizar su presencia universal. En la raíz de todo el problema está la idea del cuerpo, éste actúa como una niebla espesa que hace borrosa la visión de la conciencia que comienza a percibir una diferencia cuando no existe ninguna. Los esfuerzos psicológicos del buscador son vanos ante estas fuerzas metafísicas, porque no es humanamente posible satisfacer la idea de que allí está realmente un objeto ante nuestros ojos. El objeto rehusa presentarse meramente como una idea, y nadie jamás ha tenido éxito en liberarse del amor por los objetos, porque el amor no puede retirarse de lo que es visible realmente como un centro de significado y atracción. Y tampoco es fácil contener la rabia contra las fuerzas que parecen obstruir el desarrollo y cumplimiento del amor. Es por esta forma de operación de la mente que con frecuencia el esfuerzo espiritual ha fallado, aún en monasterios y en grutas, y son abundantes los ejemplos de buscadores sinceros, dedicados a la meditación en reclusión por dos o tres décadas, que han caído en actividades sensoriales y aventuras egoístas. Nadie debe tener el atrevimiento de imaginar que ha dominado las técnicas espirituales o que ha dominado los deseos, a pesar de que lleve muchos años de reclusión y meditación. La razón del fracaso, en la mayoría de los casos, es una meditación errónea por años, que involucra la represión de los deseos en lugar de su sublimación. Los objetos no se han desvanecido, aún están allí listos a devorarnos con su tentadora apariencia, y están hibernando aun en una gruta, un templo o un monasterio. En tanto que veamos magnificencia y valor en las cosas del mundo, en las posiciones sociales, en el poder y las dignidades, nuestras meditaciones probablemente demostrarán ser vagabundeos en un paraíso de tontos. A menos que sujetemos firmemente los objetos y transformemos su naturaleza y forma en su constitución espiritual, no podemos decir que de verdad meditamos en la realidad. Una ola no puede resistirse al océano. Para lograr algún éxito debe sumergirse dentro del mismo océano.

En los propósitos espirituales la debilidad de la voluntad es, parcialmente, la razón del fracaso. También sucede, infortunadamente, que el tiempo que la mayoría de la gente dedica a la meditación es muy poco, en comparación con la parte del día y la noche cuando la conciencia persigue vigorosamente el placer. Cualquier pequeño beneficio que se haya acumulado durante el corto período de meditación, será probablemente arrastrado por los fuertes vientos de los deseos que soplan durante la mayor parte del día. Así, pues, los deseos no deben tomarse a la ligera. Tienen poderes ante los cuales las más destructivas bombas no son nada. Los moradores del cielo, que envían ninfas para confundir las meditaciones de los Yoguis, son las esencias más sutiles de los sentidos, las cuales están cósmicamente distribuidas en reinos etéreos y vuelan como aviones hacia sus respectivos objetos, en tanto que el débil poder de raciocinio del hombre queda mirando aturdido y con una sensación de depresión, un talante melancólico y, al fin y al cabo, un sentimiento de desesperanza en los esfuerzos humanos.

Y no es que el esfuerzo no sirva, sino que los esfuerzos ordinarios son inadecuados. Las bellezas celestiales descienden al mundo moral para tentar a los aspirantes incautos mediante presentación constante de variedad en belleza y valor. Cuando el aspirante ha dominado una forma de resistencia, se encuentra de nuevo preso de otra, la cual es nueva para él. Mientras se ocupa con los métodos para sobreponerse a este segundo frente de lucha, encuentra que ha caído en el charco del tercer grupo, cuya existencia nunca notó antes. De esta manera parece que la vida se gastara en una lucha perpetua por conquistar el sentido de valores erróneos, pero la vida es demasiado corta aun para contar el número de tales valores, así como las fuentes de tentación y oposición. Este ha sido el dilema de miles de buscadores tanto en Oriente como en Occidente, y no es extraño que el Señor Krishna nos prevenga en el Bhagavadgita: 'De entre miles de personas, solo unos pocos intentan lograr la perfección; y aún dentro de estos pocos que lo intentan, solo uno verdaderamente la obtiene'.

La vida del buscador espiritual es una multitud de miserias, pérdidas y retrocesos, uno detrás de otro. Es como intentar nadar a través del vasto océano con la fuerza de los brazos. Estas dificultades han sido comparadas por los expertos con tareas tan formidables como atar un elefante salvaje, engullir fuego, caminar sobre el filo de una cuchilla de afeitar, o secar el océano achicando el agua con una hoja de pasto, etc. Estas analogías pueden sonar terribles, pero no están muy alejadas de la verdad. Nadie ha alcanzado la perfección espiritual siendo indulgente con los deseos, pues aun un solo acto de indulgencia sensual o egoísta, puede obrar como si se encendiera un fósforo, cuyas chispas son suficientes para producir una conflagración que consume todo el esfuerzo acumulado del pasado. Historias tales como la del santo Visvamitra, Parasara, etc., vienen a nosotros como prevenciones en el camino, señales y luces de guía, no obstante, no podemos aprender por la experiencia de otros. Todos deben hollar el mismo camino que otros transitaron hace tiempos. Todos deben sufrir el mismo proceso por el cual Visvamitra fue disciplinado, Saubhari fue purificado o Durvasa confrontado. Los poderes del universo actúan de igual manera sobre todos, y ejercen la misma presión sobre nuestra meditación. Los amores y odios del corazón son las ansias de la estructura total de nuestra individualidad, y no son meramente funciones de la mente consciente. Es todo el ser el que salta de felicidad cuando está cerca de un objeto de amor. Cada célula del cuerpo exhala su amor. Cada nervio del cuerpo vibra en simpatía con el objeto. No es solamente la mente pensante la que funciona aquí. Es por esta razón, que el amor y el odio son tan difíciles de conquistar, pues esto involucra la conquista de los instintos de toda la personalidad, los cuales están dispuestos a saltar para perseguir un objeto u objetos. Estas sutilezas de la vida humana y de la aventura espiritual, son desconocidas para la mayoría de los buscadores. Muchos han pensado que la vida espiritual es solo cuestión de libre elección, y que es suficiente si uno anda con taparrabos, come solo una vez al día, y duerme apenas dos horas. Aunque todas estas prácticas son buenas en sí mismas, no obstante, ni siquiera rozan el borde del problema principal. Es aquí cuando muchos invocan desesperados la ayuda que solo Dios puede otorgar al buscador, ya que el solo esfuerzo no sirve de mucho.

El remedio para todo esto es la meditación misma, pues no hay otra forma. Las leyes de la Naturaleza parecen ser tales, que uno no puede vivir ni morir felizmente. Esta dificultad se resume en una simple palabra: 'Samsara'. La cura para el Samsara es la meditación espiritual, que tiene gran variedad de técnicas que deben emplearse con el mayor cuidado. Nada parece suceder cuando el proceso de meditación es tedioso, o cuando una hoja de pasto roza una mano adormecida. Pero cuando parece que un intruso ha llegado, los perros guardianes se despiertan a una actividad violenta, y ofrecen atacar con todo su poder. La belleza sensorial y la grandeza personal, que están escondidas dentro de los recursos de la Naturaleza, se excitan cuando la meditación comienza con la seriedad necesaria.

El universo es como un poderoso sistema de radar instalado por todos lados para registrar cada acción y cada acontecimiento que suceda en cualquier lugar, aun los de más leve intensidad o movimiento. Cuando la meditación se hace apropiadamente, no es un proceso de pensamiento silencioso, que no interfiere con nada, efectuado por alguien en un sereno rincón, sino una positiva interferencia con la estructura misma del universo, y algunas veces se pone en operación un sistema para que las fuerzas enemigas reciban una advertencia, por así decirlo, de que alguien está en meditación. De inmediato, lo que se conoce como naturaleza inferior reúne fuerzas contrarias, y la meditación recibe un revés. El más grande obstáculo en meditación surge de nuestras emociones, puesto que la vida humana esencialmente es un despliegue de sentimientos. Se reviven recuerdos olvidados que asumen vida una vez más, creándose un poderoso desorden que con vehemencia hace lo posible para traer a la conciencia, que está concentrada, las circunstancias mundanas de amor y odio. Es aquí cuando los anhelos que una vez fueron suprimidos se intensifican, y los deseos ocasionales de aquella persona dedicada a prácticas espirituales pueden ser aún peores que los que vemos en el común hombre de mundo. Porque la reacción que viene con una venganza siempre es más vehemente que la forma usual en que obran las fuerzas contrarias. Amores y odios son aquí magnificados, y un objeto feo luce hermoso. Tonterías pueden asumir gran importancia, y la menor reacción de alguien puede verse como una positiva enemistad. Aparecen miedos imaginarios que no se pueden remediar por ningún medio disponible, y apegos de peculiar naturaleza, a veces difíciles de entender, surgen en el corazón. En tal condición, personas de bien pueden robar un lápiz o un cortaplumas, acto que normalmente uno no cometería. Los apetitos se vuelven más virulentos y el hambre puede volverse insaciable. A pesar de ellos mismos, los aspirantes comienzan a desarrollar afectos. Para las hambrientas emociones todo parece hermoso y adorable. Se forman apegos a cosas tales como el perro o el gato. La variedad del problema es impensable.

Quienes han logrado la santidad han reiterado que las primeras oposiciones a la meditación espiritual vienen de los deseos de fama, poder, riqueza y sexo. El deseo por ganar buen nombre ciertamente es muy natural. No se tolera la censura porque es una condena al ego. El amor por el poder también puede insinuarse en la mente del buscador, y uno puede sentirse satisfecho ejerciendo el poder sobre su ayudante o sirviente, cuando no hay alguien más sobre quien hacerlo. El deseo de opulencia no siempre llega en forma de ambición por vastas riquezas, ya que los deseos son astutos en su forma de obrar, como si fueran conscientes de que si piden mucho, no tendrán éxito, así que piden cosas pequeñas que fácilmente serán concedidas. El dinero, al menos en pequeñas cantidades, deviene en una necesidad, y existen obvios argumentos en su favor. Ningún deseo se presenta sin una buena razón detrás de él. Cada preferencia o anhelo, luce racional y justificado. Pero, principalmente, el deseo de sexo supera a los demás. Se dice que este impulso solo muere cuando muere la persona. En nuestras Escrituras hay anécdotas de anacoretas sobre quienes la primera arma descargada fue el objeto de la lujuria. Esta tentación difícilmente puede resistirse. Ni siquiera el más sabio de los Yoguis se reputa completamente libre de sensibilidad a la armadura del sexo. Que alguien haya llevado la vida de hombre casado, y que con posterioridad se dedique a la meditación, no garantiza inmunidad a las futuras tentaciones del sexo, puesto que este deseo no tiene fin, y parece no agotarse por el uso constante, o estar satisfecho aún tras repetidos disfrutes. Aquellos que no están totalmente familiarizados con este instrumento del Tentador, verdaderamente terminarán en un miserable fracaso de sus intentos, y sufrirán una derrota en su meditación.

En buscadores educados el ego puede volverse vanidoso, debido a lo cual puede surgir el deseo de mostrarse o pueden, de repente, imaginar que tienen la misión de salvar al mundo de la ruina. Muchos buscadores han sentido honestamente que son verdaderos Avatâras (encarnaciones divinas), y que su conocimiento no tiene parangón en el mundo. Uno puede comenzar a sentir que siempre está en lo correcto y que nunca estará equivocado, aquí cualquier consejo o sugerencia por otra alternativa, lo harán resentirse. Este es el dominio del ego, ante el cual los aspirantes fácilmente pueden caer.

Con frecuencia comienza a apretar el corazón del aspirante el sentimiento de un miedo desconocido, cuyo origen no puede descubrir con facilidad. Parece como si la misma tierra se hundiera bajo sus pies, y todo el mundo lo hubiera dejado a su suerte. Hay deseo y no puede satisfacerse. Hay ansia que no puede recompensarse. Ocasionalmente, hay ira que no puede expresarse adecuadamente. Aun puede llegar el miedo a la muerte como la última de todas las amenazas, y todo esfuerzo parecerá haber sido en vano. La vida parecerá estar terminando sin haber logrado nada, excepto sufrimiento. Estas son algunas de las horrorosas escenas que el buscador en el sendero de la meditación tendrá que atestiguar, y verdaderamente bendecidos son aquellos que logren el éxito en medio de esos precipicios y trampas. Gautama, el Buda, sufrió todas las pruebas, pero era un hombre de madera muy fina, y alcanzó la iluminación a pesar de esas oposiciones.

El exceso en la práctica puede causar enfermedad física, la cual actúa como un impedimento al progreso. La práctica excesiva puede causar en el aspirante embotamiento y cansancio mental. En cierta etapa, se llega a dudar hasta de la eficacia del propio método. Un largo período de continuo esfuerzo puede resultar en suspensión de la práctica y disminución de la meditación. Puede establecerse una torpeza general en todo el sistema y un sentimiento de ‘es suficiente’ con lo que se ha hecho. Puede surgir el deseo de satisfacciones pequeñas, las cuales cuando se cumplen, pueden asumir grandes proporciones. Luces y visiones, contempladas debido a la presión sobre el Prana, pueden confundirse con visiones de Dios o experiencia mística. A veces uno pierde el punto de concentración, el cual rehusa venir ante el ojo mental. Y cuando se ha conseguido, parece sacudirse y nunca queda permanentemente fijo. Pueden aparecer temblores en el cuerpo, depresión y disgusto, que perturban la paz mental.

El tumulto de obstáculos en meditación estará allí mientras que el pensamiento no haya entrado en el ser, y esté luchando por obtener la entrada en él. Los juicios de valor de los sentimientos individualistas y las emociones no se van con facilidad, sino que persisten viendo los objetos como buenos para adquirir o evitar. Los centros de fuerza de los que está hecho el universo, aún parecen como objetos concretos localizados en el espacio y atraen nuestra atención. En tanto la meditación permanezca solo como pensamiento de la mente, las dificultades usuales del camino no podrán evitarse. La gran guerra tiene lugar cuando el pensamiento toca la puerta del ser y trata de entrar en él. Los oponentes son los poderosos porteros que custodian la entrada en el Absoluto.

Uno debe ser cauteloso para manejar las fuerzas contrarias. Un ataque directo y frontal no siempre tiene éxito, puesto que los enemigos son igualmente poderosos, si no mejor provistos que las energías del buscador. El aspirante nunca deberá llegar a extremos en el camino espiritual, sino que debe seguir siempre el justo medio en consideración y juicio. Algunas veces, bajo estricta vigilancia y cuidado, puede ser necesaria una pequeña satisfacción o un poco de alivio a la tensión, cuando la mente y los sentidos se vuelven turbulentos y la muerte parece ser la única cosa inevitable. El Buda, de nuevo es aquí nuestro ejemplo: mucha austeridad casi mata su persona sin que algún beneficio le trajera. Ocasionalmente, con una tremenda vigilancia pueden ser aconsejables satisfacciones moderadas. Todo esto debe hacerse con un entendimiento sobrehumano de la situación, puesto que la ética o moral corriente en el mundo, no se aplica en su sola letra al buscador. La ética de la vida espiritual varía un poco de aquella del hombre común del mundo. Mientras que la moral de la sociedad puede ser estereotipada y pasar sin cambios de abuelos a nietos, la moral de la vida espiritual puede cambiar su énfasis sobre diferentes caras de las misteriosas dificultades del camino. El famoso verso del Bhagavadgita sobre este tema, establece una verdad para todas las épocas: El Yoga no es para aquel que disfruta mucho, ni para el que se abstiene de todo disfrute, no es para aquel que duerme constantemente, ni para el que está siempre despierto. El Yoga pone fin a las penas de aquel que es moderado en el disfrute, la recreación, el trabajo, el sueño, así como la vigilia. Este justo medio es difícil de percibir, pero puede verse con una inmensa sutileza del entendimiento discriminatorio. En todos estos esfuerzos, es necesaria la guía personal de un Maestro o experto experimentado.

Los obstáculos a la meditación pueden enfrentarse solo por la meditación practicada repetidamente con denodado vigor. En meditación, el pensamiento y el ser se unen para formar uno. Esa es la etapa de la intuición, cuando los objetos descubren su carácter esencial y deponiendo todas sus tácticas de oposición y rebelión, a las que acudían antes, asumen una actitud amistosa, y entonces todo el universo parece estar a nuestra disposición. Los habitantes mismos de los planos superiores comienzan a ayudar al aspirante, en lugar de oponérsele como hacían antes. La ayuda comienza a fluir desde todos los lados, y el gozo sobreviene en la naturaleza del aspirante. La luz comienza a fulgurar desde cada átomo del espacio, y el tiempo se vence a sí mismo. La distancia entre las cosas desaparece, y las estrellas lejanas parece que rodaran bajo sus pies. Todo lo codiciable o deseable se le presenta en su forma real como un hecho eterno del cual nunca será desposeído. El infinito y la eternidad se unen en existencia pura. Amigos y enemigos se encuentran y entran en el corazón del meditador. El universo abandona su externalidad, objetividad, materialidad y transitoriedad, y asume su forma suprema, absoluta, espiritual, inteligente y delectable. Inmortalidad y muerte se convierten en las alas de una sola experiencia, y todos los juicios entran en el mismo ser del Juez Universal. Es el principio de una posesión universal por parte del Ser, donde la Creación parece filtrarse en su existencia, y en un resplandor de conciencia, el hombre logra el conocimiento de que su entera naturaleza, tanto física como intangible, está unida a toda la vida que palpita y pulsa por todas partes. En los estados más elevados de la experiencia espiritual, el aspirante lo incluye todo y es incluido en todo, conoce y comprende todo. Esta experiencia es supra-sensorial, supra-mental y supra-intelectual, aquí la personalidad tiende a desintegrarse y el buscador siente que se desliza en una esfera de vastísimas implicaciones sondeando profundidades abismales, escalando vertiginosas alturas, contemplando enormes perspectivas desconocidas en la tierra. Hay una sensación de Poder que afecta cada partícula de su naturaleza, y es bañado en una Luz de indescriptible brillo. Hay conciencia de la interpenetración de todas las cosas, y la persona está simultáneamente en todos los lugares. Cada simple detalle se conoce exactamente en su propio lugar, en su mínimo pormenor y en su relación con el Todo. Todo se vuelve claro como el cristal, la luz brilla por separado desde cada punto del espacio, no solo desde un astro, como el sol en algún lugar del distante espacio. Uno se vuelve inmortal.

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jueves, 30 de septiembre de 2010

EL YOGA DE LA MEDITACIÓN

CAPÍTULO 1
SIGNIFICADO Y MÉTODO DE LA MEDITACIÓN


El arte de la meditación no es un trabajo para ser realizado en la forma en que efectuamos en la vida los deberes diarios de la profesión, puesto que todas las actividades de la vida están en forma de una función de la individualidad o la personalidad, actividades que son, en gran medida, extrañas a la naturaleza, debido a lo cual, después del trabajo viene la fatiga y, en ocasiones, quedamos completamente hastiados con el trabajo. Pero la meditación no es una función de esta clase, y es diferente de las actividades con las cuales el hombre generalmente está familiarizado. Si en algún momento nos sentimos cansados de la meditación, solo tenemos que concluir que hemos estado involucrados en otra clase de actividad que, aunque llamemos meditación, realmente no lo es.

Debemos hacer una distinción cuidadosa entre nuestro ser y la acción que procede de nuestro ser. Lo que en ocasiones fatiga a la persona es ésta última, y no la primera. Podemos cansarnos del trabajo, pero no podemos cansarnos de nosotros mismos. Se sigue naturalmente que cuando quiera que estemos cansados de un trabajo o función, ésta no es parte de nuestra naturaleza, sino extraña a ella. Si la meditación se va a convertir en un trabajo o función de nuestro ser, también estará por fuera de nuestra naturaleza y algún día, no solo estaremos cansados, sino hastiados de ella, puesto que se impone como un elemento extraño a nuestro ser o naturaleza, y es una característica del ser esencial deshacerse por varios métodos de cada cuerpo extraño.

Los aspirantes del sendero espiritual generalmente están familiarizados con el hecho de que la meditación es la cima del Yoga, así como la consumación del esfuerzo espiritual. Pero en realidad son muy pocos los que acceden a su significado central, pues la mayor parte de su esencialidad se pierde en una confusión, que generalmente sucede por equiparar la meditación con una clase de trabajo o actividad de la mente, razón por la cual, la mayor parte de las personas encuentra difícil sentarse en meditación por largo tiempo, y son vencidos tanto por el sueño, como por el cansancio general del sistema psicofísico. Es curioso que aquello a lo que uno apunta como la meta de su vida se convierta en causa de fatiga, frustración y, aun en ocasiones, de disgusto. Las personas intentan conocer los secretos de la meditación a causa de la insatisfacción con las actividades normales de la vida y al detectar un vacío en el valor de la existencia terrenal. Si aun este remedio que se buscó para llenar el vacío de la vida crea la sensación de otro vacío, defecto o insatisfacción, y si hay factores que pueden presionar a la persona hasta pensar que ya es ‘suficiente’ la meditación y la hacen cambiar a otra actividad, tal como una diversión, se debe concluir que existe un serio defecto en nuestro concepto de meditación.

Cuando cuidadosa y afectuosamente investigamos sobre la meditación como ejercicio espiritual, nos encontramos cara a cara con ciertas verdades tremendas acerca de la Naturaleza y la Vida como un todo. Antes de dedicarnos a alguna tarea, necesitamos una idea clara de la misma, o al final haremos un lío sobre lo que se suponía, íbamos a hacer. La pregunta fundamental es: '¿Cómo sabe uno que la meditación es el remedio para los defectos de la vida?'

Para una respuesta a esta pregunta se necesita saber qué es aquello de lo que realmente carecemos en la vida, debido a lo cual buscamos ayuda en la meditación. Por lo general, la insatisfacción es causada por un sentimiento que nos invade después de haber vivido la vida un número suficiente de años, y ver que los deseos del hombre parecen no tener fin; que entre más posesiones se tenga, también es mayor la ambición y la codicia; que aquellos que parecen ser amigos, también son capaces de abandonarlo a uno en horas cruciales de la vida; que los objetos de los sentidos nos enredan en complejidades mecánicas en lugar de aliviarnos de la tensión, la ansiedad y el deseo; que nuestro anhelo de felicidad excede todos los conceptos finitos, y nunca será satisfecho por nada de lo que contiene el mundo por la limitación que causa una cosa excluyendo la otra, y la capacidad de una cosa de incluir a otra en su estructura; que los llamados placeres de la vida parecen ser solo irritación del sistema nervioso, sumisión a impulsos involuntarios y esclavitud de los instintos, en vez del logro de una libertad real, la cual es la única cosa a la que el hombre aspira finalmente.

Si éstas y muchas otras cosas son los defectos de la vida, ¿cómo espera uno corregirlos mediante la meditación? Los defectos parecen ser realmente horrorosos, más de lo que la mente humana ordinaria puede comprender y contener. No obstante, surge la esperanza de que la meditación pueda enmendarlos, y si esta esperanza tiene algún significado o realidad, entonces el rango de la meditación se extenderá más allá de todas las limitaciones de la vida humana. Entonces la verdadera meditación será un trabajo universal de la mente, y no un simple pensamiento privado encerrado en el clóset de nuestra habitación. Este aspecto de la naturaleza de la meditación no está dentro de la noción que de ella han estado considerando en sus mentes muchos aspirantes espirituales. Un análisis de la naturaleza de la meditación nos muestra una realidad más profunda que aquella que comprenden los procesos psicológicos normales de la mente, tales como el pensamiento, sentimiento y entendimiento, de tal forma que la meditación se convierte en un despertar del alma del hombre, en vez de ser un simple funcionamiento de la mente.

La actividad del alma no florece bajo condiciones normales. Durante la mayor parte de la vida el hombre está confinado solo a ciertos aspectos de sus manifestaciones cuando piensa, entiende, siente, quiere, recuerda, etc. Sin duda todos estos son una expresión parcial de la individualidad humana, pero de ninguna manera se acercan a la verdadera manifestación del alma. La diferencia entre las funciones humanas normales y la actividad del alma, es que en el primer caso, cuando una función se lleva a cabo, las otras están aparte, ignoradas o suprimidas, de tal forma que el hombre no puede hacer todas las cosas al mismo tiempo; en el segundo caso, la totalidad del hombre en su esencia surge ante la ocasión que sea, y nada de él queda excluido de esta actividad. Por rareza el alma actúa en la vida humana, pero cuando lo hace, aun en forma leve o distorsionada, uno olvida todo el mundo incluyendo la conciencia de la propia personalidad y disfruta una felicidad por siempre incomparable. Las manifestaciones leves de alma a través de los canales de la personalidad humana pueden observarse en los extáticos entusiasmos del arte, particularmente de las bellas artes, tales como la música elevada y la satisfacción derivada de la apreciación de los grandes genios de la literatura. En tales momentos la persona se olvida de sí misma y se vuelve una con el objeto de apreciación. Esta es la razón por la cual el arte es capaz de llamar poderosamente la atención del hombre haciéndolo, por así decirlo, olvidarse de todo. Pero en la vida diaria de un individuo hay al menos tres ocasiones cuando el alma se manifiesta externamente y lo inunda de incomparable felicidad; estas son ocasiones cuando satisface (1) el hambre intensa; (2) el apetito sexual; (3) el sueño. En estas tres instancias, especialmente cuando los impulsos son muy intensos, la totalidad del ser de una persona actúa, y aquí la lógica del intelecto y las etiquetas del mundo no sirven para nada. La razón es simple: cuando el alma actúa, aun a través de los sentidos, la mente y el cuerpo, los cuales son sus expresiones distorsionadas, su presión es irresistible, porque el alma es la esencia del ser total y no meramente de ciertas facultades funcionales de una persona. En tanto que puede sacrificarse la felicidad que ofrecen ciertos aspectos de la personalidad en aras de otras insistentes exigencias, no puede haber tal compromiso cuando el alma presiona a la acción.

El resultado de la anterior investigación muestra que cuando el alma actúa normalmente, no hay conciencia de lo externo, ni aún de la propia personalidad, y la felicidad experimentada es arrobadora y extática. Y hemos observado que la meditación es el comienzo de la acción del alma, y no solo una función de la mente, esto también explicará por qué, cuando se practica correctamente, la meditación es placentera y no puede ser fuente de fatiga o tedio. Sin embargo, la meditación difiere totalmente de las manifestaciones del espacio y el tiempo del alma enumeradas en párrafos anteriores. En meditación la manifestación del alma no es a través de los sentidos, la mente, ni el cuerpo, aunque su impacto pueda sentirse en alguno de éstos antes de que se revele por completo en el proceso llamado meditación.

El Sadhaka intenta manifestar gradualmente su alma en la técnica de la meditación. Los sentidos son un medio difícil para la manifestación del alma, puesto que la actividad sensorial nunca es total, ya que un sentido funciona diferente de otro, y excluye al otro, mientras que el alma lo incluye todo. De aquí que cuando hay una presión sensorial proveniente del alma, se convierte en una pasión esclavizante, casi una locura, pues no toma en consideración los otros aspectos de la vida. El cuerpo tampoco es un medio apropiado para la expresión del alma, ya que es inerte y casi carente de vida, a no ser por la energía vital o Prana que lo penetra. El único medio a través del cual se puede revelar el alma es la mente que, aunque opera en términos de la información enviada por los sentidos, también tiene la capacidad de organizar y sintetizar el conocimiento sensorio en una especie de totalidad, de ahí que la mente está en posición de reflejar el alma, cuyo carácter esencial es la totalidad del ser. Por esta razón el proceso de meditación debe ser siempre a través de la mente, aunque su intención es trascenderla. Las actividades mentales al estar a medio camino entre la operación de los sentidos y la existencia del alma, tienen un doble carácter, a saber, atracción por los objetos exteriores y un anhelo de perfección que le viene del interior. Entre más éxito tenga la mente en abstraerse de la información sensorial en términos de los objetos, más éxito tendrá en meditación. Con este propósito, los sadhakas desarrollan una serie de técnicas que retiran la mente de los objetos de los sentidos y la dirigen paulatinamente hacia la totalidad que es el alma. Las principales formas de este método, en forma ascendente, podrían ser: (1) concentración en un punto externo, sea un símbolo, imagen o retrato; (2) concentración en un punto interno, sea un símbolo, imagen o retrato; (3) concentración en la existencia universal.

Para la concentración se escoge un punto externo, sea símbolo, imagen o retrato, con el propósito de que la mente no se sienta despojada de repente de los objetos de los sentidos, y siga ligada al menos a un objeto. Algunos buscadores concentran sus mentes sobre un punto en una pared, la llama de una vela, una flor, el retrato de algo que les simpatiza mucho, o la imagen concreta de una deidad escogida por uno para culto. Todo esto, en últimas, tiene el mismo efecto sobre la mente y ayuda a concentrar los rayos mentales desde la diversidad de objetos en un solo y fuerte rayo enfocado sobre un objeto dado. La intención de tal concentración es desasir la mente de su complicación entre la maraña de objetos. Cada pensamiento es un síntoma de complicación, puesto que el pensamiento recae sobre un objeto, y cada objeto está relacionado con todos los demás objetos por similitud, comparación o contraste. Aparte de este sistema lógico de pensamientos, un objeto físico está sutilmente relacionado con otros objetos físicos mediante vibraciones invisibles, de ahí que pensar sobre un objeto es al mismo tiempo estimular sus vibraciones, las cuales son inseparables de las formas físicas de los objetos. La concentración sobre una forma dada rompe el hilo que une la mente con las cosas externas, y el objeto de tal concentración, finalmente, es la separación entre el pensamiento y el sentido de externalidad, que es la esencia de la existencia de un objeto. Cuando el pensamiento se libera de la atadura de la externalidad, a la vez se libera de la calidad de Rajas o fuerza que lo empuja hacia el objeto, así como de Tamas, que es una reacción negativa de la actividad Rajásica. De esta manera la concentración lleva a la liberación de Rajas y Tamas, que coincide con la aparición de Sattva o transparencia de la conciencia al reflejarse a través de la mente. Es en el estado de Sattva cuando el verdadero ser de todas las cosas, llamado Atman, se revela a sí mismo como aquello que comprende toda existencia y que es incomparable en esplendor y felicidad.

Los Sadhakas también practican la concentración sobre centros internos de acuerdo con sus predilecciones especiales de temperamento. El proceso de liberación psicológica alcanzado es similar al que se obtiene mediante la concentración sobre puntos o formas externas, siendo la única diferencia que en la concentración interna los objetos son solo formas de pensamiento, en vez de cosas o lugares físicos. La idea de 'externo' e 'interno', realmente hace referencia al propio cuerpo físico, de tal manera que es más un procedimiento adoptado por conveniencia, que un sistema con un objetivo último significativo. Cualquier cosa sobre la que uno se concentre exteriormente, cuando se usa en la concentración interna se considera como una imagen psicológica. Una característica especial que solo se descubre en la concentración interior, es que en este método se puede concebir a gusto cualquier forma de realidad, así no corresponda a nada del mundo físico, como las ideas de contenerlo todo, felicidad en la unión, unidad, armonía, suprema abundancia y aun ideas tales como el Infinito, la Eternidad y la Inmortalidad. Sin embargo, estas tres últimas ideas mencionadas trascienden la idea de interioridad y abren el concepto de lo Universal.

La idea de universalidad sobrepasa las barreras de externalidad e interioridad creadas por la mente con referencia al cuerpo y la personalidad, y visualiza todas las cosas, incluyendo la propia individualidad, como orgánicamente relacionadas entre sí en una totalidad más amplia, donde no existen cosas tales como sujeto y objeto, ni el que ve, ni el que es visto, categorías que son el resultado de la auto referencia de cada individuo particular, en contraste con los otros individuos o cosas. Lo universal no puede ser imaginado, puesto que el pensamiento siempre es subjetivo, y a la vez exterioriza el objeto. Por esta razón, el concepto de universal debe ser considerado casi como una imposibilidad. Sin embargo, para propósitos de meditación, puede presentarse a la mente un concepto universal a través de la mutua transferencia de significados entre el sujeto y el objeto, lo que dará como resultado tres alternativas: (1) Cada sujeto también es un objeto para otros; (2) cada objeto es un sujeto para sí mismo, y; (3) no existe ni sujeto ni objeto donde hay determinación mutua entre las partes de un todo. Cada unidad de existencia puede concebirse como un todo en sí misma, es decir, un organismo autodeterminado en todo sentido. Puede haber muchos de estos organismos en una serie de pequeños a grandes, y el más grande de ellos es el Universo. Concebir el universo como él se concebiría a sí mismo, es ser capaz de pensar el Universal. En meditación esta técnica envuelve poco esfuerzo de pensamiento y voluntad para mantener la conciencia de la transcendencia de la relación entre sujeto y objeto en alguna de las formas sugeridas arriba. Puesto que la individualidad corporal como organismo psicofísico se mantiene por la tensión entre ella misma y los demás, a los cuales considera objetos, cualquier procedimiento que supere o libere esa tensión, será un método bienvenido de contemplación universal. Los buscadores que están en esta última categoría ciertamente son muy raros y escasos en número, puesto que este pensamiento superior al normal no es dado a todo el mundo, a causa del hábito de la mente de confiar en los objetos de los sentidos, al aislarlos de su verdadera posición. Las Upanishadas y el Bhagavadgita están repletos de descripciones de este estado de conciencia, cuando se contempla el multiforme universal. Se deben mencionar especialmente los capítulos 3° y 4° de la Upanishada Brihadaranyaka; los capítulos 5° y 7° de la Upanishada Chandogya; el capítulo 11 del Bhagavadgita, así como la descripción del Absoluto que encontramos en el capítulo 13. Esta es la senda del Jnana, conocimiento puro o meditación impersonal.

Los métodos de meditación Bhakti o sendero de amor y devoción enfatizan la forma personal de Dios más que la impersonal, y en vez de la fijación de la conciencia en su papel de puro conocimiento, como en el sendero del conocimiento, dirigen la emoción como amor a la forma en la cual Dios se manifiesta ante la mente contemplativa. La teología Vaishnava concibe a Dios en una serie de cinco manifestaciones conocidas como Para o el Supremo, Vyuha o el Grupo, Vibhava o la Encarnación, Archa o el Símbolo de adoración, y el Antaryamin o Morador Residente. 'Para', es Dios concebido como el Creador transcendente, cuya naturaleza inspira temor reverente, y su elevada presencia conlleva el sentimiento de ser inaccesible y remota para el polvo de la tierra. 'Vyuha' es Dios concebido como un grupo de manifestaciones, conocidas en las escrituras Vaishnava como Vasudeva, Sankarshana, Pradyumna y Aniruddha, las cuales casi corresponden con la mutua relación de Brahman, Ishvara, Hiranyagarbha y Virat, de la terminología Vedanta. 'Vibhava', es Dios en una encarnación manifestada en los planos de creación para remediar las penas de sus habitantes. 'Archa' es la imagen o símbolo usado en la adoración ya sea interna o externa, forma limitada que ayuda a la mente a concentrarse en Dios a través de un foco finito, que paso a paso se va ensanchando a realidades cada vez más amplias. 'Antaryamin' es la contraparte de 'Para': Dios como la presencia que mora en el interior, no por fuera de la creación y difícil de acceder, sino como el alma de la creación, en cuyo interior vive y es capaz de contactarse vitalmente con cualquier partícula, espacio o átomo.

El sendero del Bhakti también tiene métodos de concentración de la mente mediante Sravana o escuchar las glorias de Dios, Kirtana o cantar Sus nombres, Smarana o recordar a Dios mediante Japa, etc., Padasevana o adoración de Sus pies en sus manifestaciones o Su ser esencial, Archana o adoración formal mediante métodos rituales, Vandana u oración ofrecida a Dios, Dasya o la actitud de ser un sirviente de Dios, Sakhya o actitud de amistad hacia Dios y, finalmente, Atma-Nivedana o rendirse a Dios. Estos son diferentes medios de alcanzar la consumación del amor divino, por medio del cual la mente se ata a la existencia de Dios y a sus atributos asociados, tales como omnisciencia, omnipotencia, compasión y similares.

La técnica de concentración de la mente en el sistema Yoga de Patanjali está relacionada más con el aspecto volitivo del órgano psicológico, que con el entendimiento y el sentimiento, como en el Jnana y el Bhakti. La voluntad juega aquí un papel prominente, y la concentración es el esfuerzo de la mente por fijar su atención en los diferentes grados de realidad, a saber, (1) el universo físico de cinco elementos en términos de la relación espacio temporal y la relación de idea, nombre y forma; (2) los cinco elementos en sí mismos independientes de estas relaciones; (3) los principios formativos internos de los cinco elementos en términos de la relación espacio temporal, y la relación de idea, nombre y forma; (4) los principios formativos de los cinco elementos independientemente de las relaciones; (5) la felicidad que sigue a esta concentración en el ser diáfano; (6) la pura Conciencia del Ser, consecuencia de esta felicidad; (7) retención de la memoria de la exterminación de todas las formas mentales en la más fina esencia de la Conciencia del Ser y, finalmente, (8) entendimiento de la Existencia Pura como el Absoluto.

Un sistema espiritual de vida conocido como Karma-Yoga rara vez se asocia con la meditación. No obstante, el Karma-Yoga es realmente meditación en acción y es un Yoga por sí mismo. Sin embargo, para los principiantes en la vida espiritual es difícil imaginar cómo una acción puede también ser meditación, ya que la acción se asocia con el movimiento tanto físico, como psicológico, mientras que la meditación se considera como una atención en la cual todo movimiento se detiene. La acción que es el Karma Yoga se diferencia de la usual definición de acción en cuanto se distingue de la concentración o atención de la mente. Principalmente en el Bhagavadgita se encuentra una exposición de este método, donde la habilidad para la acción se identifica con el equilibrio en la actitud de la conciencia. El Yoga no solamente es suprema habilidad en la acción perfecta, sino al mismo tiempo estabilidad de conciencia o ecuanimidad de mente. Los dos aspectos de esta técnica particular no pueden reconciliarse en tanto la acción esté limitada a las actividades personales provenientes del deseo. El Karma-Yoga es acción sin deseo, la cual es solo consistente con la conciencia espiritual. El Ser, que es puro equilibrio de existencia, es coextensivo a la realidad cósmica y, por lo tanto, puede ser reconciliable con la acción cuando ésta se transforma en un proceso impersonal de existencia espiritual, en lugar de una actividad personal de deseo individual. Este concepto de acción espiritualizada es un paso avanzado en Yoga y no puede prescribirse a los novicios, que no pueden imaginar nada más allá de su personalidad corporal. Pero una vez ha aprehendido el espíritu, el buscador pasa incólume por la vida, sin que lo afecten las simpatías o aversiones, y contempla la divinidad en todas las acciones, las cuales él identifica con el proceso del universo. En conceptos menores del Karma Yoga, se define éste como la actitud hacia toda actividad, como una forma de movimiento de las propiedades de la Naturaleza externa, de las cuales uno permanece como testigo impasible. También es considerado el Karma Yoga, como acción ejecutada en espíritu de servicio a Dios, o aun de servicio a la humanidad y todos los seres vivientes, acción cuyos frutos el ejecutor no desea, sino que los ofrece enteramente a Dios.

Una característica especial dentro de las formas de meditación interna es un sistema conocido como Kundalini-Yoga. Aquí el sistema humano en su sutil carácter interior se considera como una muestra microscópica del universo, y se intenta manipular las fuerzas de la Naturaleza por la regulación de las fuerzas que existen dentro de uno mismo. Los reinos del cosmos se corresponden con los centros del individuo, los cuales, se acepta, son siete. La concentración sobre esos puntos en el microcosmos estimula las fuerzas allí alojadas, las cuales tienen una relación íntima con los centros relativos en el macrocosmos. Por lo tanto, la meditación sobre dichos centros es equivalente a la meditación sobre la realidad del cosmos. Sobre estas meditaciones hay enormes detalles formulados en un grupo de textos llamados Tantras, los cuales enuncian métodos para sobrepasar gradualmente las formas más densas de la Naturaleza, a través del ritual, la adoración, la recitación de fórmulas, la regulación de la respiración y la concentración de la mente. Puesto que algunas de las formas prescritas en los Tantras llevan al buscador a los objetos de los sentidos y a la Naturaleza material, aunque con la vista puesta en trascenderlos en una experiencia espiritual, el peligro de retroceso o caída para los inexpertos o incautos es mayor en éste, que en los demás senderos del Yoga. La técnica es muy científica, pero cuando se intenta por parte de mentes no purificadas, no está completamente libre del peligro de caer en tentación y retrogresión.

Todos los procesos de meditación son, en últimas, formas de despertar la conciencia del Alma, la cual es en el fondo conciencia de Dios. En la meditación practicada correctamente, aquello que en apariencia es extraño y externo a nuestro propio cuerpo, se entreteje vitalmente con el tejido de nuestro propio ser. En resumen, meditación es el arte de unirse con la Realidad.

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miércoles, 15 de septiembre de 2010

OBSTÁCULOS

Los obstáculos a la meditación pueden enfrentarse solo por la meditación practicada repetidamente con denodado vigor. En meditación, el pensamiento y el ser se unen para formar uno. Esa es la etapa de la intuición, cuando los objetos descubren su carácter esencial y deponiendo todas sus tácticas de oposición y rebelión, a las que acudían antes, asumen una actitud amistosa, y entonces todo el universo parece estar a nuestra disposición. Los habitantes mismos de los planos superiores comienzan a ayudar al aspirante, en lugar de oponérsele como hacían antes. La ayuda comienza a fluir desde todos los lados, y el gozo sobreviene en la naturaleza del aspirante. La luz comienza a fulgurar desde cada átomo del espacio, y el tiempo se vence a sí mismo. La distancia entre las cosas desaparece, y las estrellas lejanas parece que rodaran bajo sus pies. Todo lo codiciable o deseable se le presenta en su forma real como un hecho eterno del cual nunca será desposeído. El infinito y la eternidad se unen en existencia pura. Amigos y enemigos se encuentran y entran en el corazón del meditador. El universo abandona su externalidad, objetividad, materialidad y transitoriedad, y asume su forma suprema, absoluta, espiritual, inteligente y delectable. Inmortalidad y muerte se convierten en las alas de una sola experiencia, y todos los juicios entran en el mismo ser del Juez Universal. Es el principio de una posesión universal por parte del Ser, donde la Creación parece filtrarse en su existencia, y en un resplandor de conciencia, el hombre logra el conocimiento de que su entera naturaleza, tanto física como intangible, está unida a toda la vida que palpita y pulsa por todas partes. En los estados más elevados de la experiencia espiritual, el aspirante lo incluye todo y es incluido en todo, conoce y comprende todo. Esta experiencia es supra-sensorial, supra-mental y supra-intelectual, aquí la personalidad tiende a desintegrarse y el buscador siente que se desliza en una esfera de vastísimas implicaciones sondeando profundidades abismales, escalando vertiginosas alturas, contemplando enormes perspectivas desconocidas en la tierra. Hay una sensación de Poder que afecta cada partícula de su naturaleza, y es bañado en una Luz de indescriptible brillo. Hay conciencia de la interpenetración de todas las cosas, y la persona está simultáneamente en todos los lugares. Cada simple detalle se conoce exactamente en su propio lugar, en su mínimo pormenor y en su relación con el Todo. Todo se vuelve claro como el cristal, la luz brilla por separado desde cada punto del espacio, no solo desde un astro, como el sol en algún lugar del distante espacio. Uno se vuelve inmortal.

jueves, 9 de septiembre de 2010

LIBRE ALBEDRIO

Hay muchos buscadores sinceros que son propensos al error de pensar que son almas liberadas. El único deber que tienen es salvar al mundo, y ya se han salvado a sí mismos y han entrado en el Infinito. Aunque puedan estar enteramente errados en este sentimiento, pueden estar seguros de que están en lo cierto. Así que esta es una dificultad en la cual puede uno caer, como si fuera un atolladero en medio de la práctica, y nadie puede ser aquí de ayuda puesto que el entendimiento ha fallado. Es la falla del propio entendimiento lo que hace sentir a uno que se ha llegado a tan elevada posición. La racionalidad se apaga y se vuelve torpe, en lugar de volverse diáfana, y esto es debido a la interferencia de antiguos 'Samskaras', o impresiones sepultadas, deseos frustrados, etc. Los sentimientos frustrados no necesitan ser aquellos de esta presente vida. Hay sentimientos y sentimientos, impresiones y más impresiones, una sobre otra, acumulándose como gruesas capas de nubes en los niveles subconsciente e inconsciente de la mente, los cuales retardan el progreso del alma hacia su meta. No es necesario decir que hemos pasado por varias vidas. Esta no es la única vida que estamos viviendo, y cualquier cosa que seamos hoy, es una fracción del total de lo que estamos hechos, la mayor parte de lo cual, está escondido como un poder potencial en el estrato inconsciente de nuestra personalidad, actuando, por supuesto, como un resorte que empuja ciertas impresiones e impulsos a la superficie de la conciencia, y compele al nivel consciente a cometer el error de pensar que es totalmente libre en la conducción de sus ideas y pensamientos a través de las vicisitudes diarias de la vida. Si tomamos en consideración la presencia de esta fuerza motiva tras nuestras actividades conscientes, lo que llamamos el nivel inconsciente, uno dudaría bastante de si hay alguna libertad de la voluntad. Que no existe tal libre albedrío, es la conclusión de los psicoanalistas hoy día, que no hay tal cosa como libertad de la voluntad. Solo es una quimera, porque de acuerdo con sus descubrimientos, así sean totalmente correctos o no, las actividades conscientes de la mente, que son la causa del sentimiento de libertad en uno mismo, son ellas mismas el resultado de ciertos impulsos ocultos, los cuales, como fuerzas oscuras, obran desde dentro y trasladan una fracción de esos aspectos de la personalidad al nivel consciente para el cumplimiento de ciertos propósitos, que en nuestro lenguaje tradicional, son llamados la síntesis total del Prarabdha-karma.

De "The Yoga of Meditation"

domingo, 29 de agosto de 2010

LA VENIDA DE DIOS AL MUNDO


(Charla en Navidad de 1994)

La “venida de Dios” es una expresión que designa las aspiraciones de toda la vida en la tierra. El mundo es concentrado en un foco de atención, en un solo punto de acción, cuando Dios responde el llamado del hombre. Esto es lo que generalmente se llama una encarnación de Dios. No es un ser humano que nace, sino la energía de Dios que se concentra en un punto focal en este mundo de seres creados, así que mientras tiene todo el poder de Dios, la gracia de Dios y la bendición de Dios, también está directamente en contacto con la gente en el mundo y todos los seres creados sobre la tierra.
La Encarnación es un concepto muy difícil de considerar con el pensamiento ordinario. Dios hecho carne es el significado real de la palabra “Encarnación”; en otras palabras, una presentación humanizada del Dios Todopoderoso de los cielos. La tradición cristiana cree que ha habido solo una encarnación de Dios; y ocurrió solo una vez en la historia del tiempo. Esta es una tradición aceptada en los círculos teológicos del cristianismo, pero hay otros que han llegado a más interesantes conclusiones sobre este concepto de la Encarnación, con base en la omnipresencia de Dios. Lo que encarna no es una entidad localizada, alguien extra-cósmico que reina lejos del reino de la tierra; sino que (lo que encarna) viene a dar forma a aquello que es omnipresente.
Ahora, la idea de omnipresencia sugiere la posibilidad de que Dios tiene el poder de manifestarse Él mismo en cualquier lugar, en cualquier forma y en cualquier tiempo. Las otras religiones que no suscriben enteramente la tradición católica, sostienen que hay tantas Encarnaciones del Ser Supremo como rayos de sol hay. La omnipresencia de la luz del sol es un ejemplo ante nosotros que nos ilustra el poder de Dios. ¿Cuántos rayos tiene el sol? Ustedes pueden decir que tiene un solo rayo que inunda toda la tierra con su radiación; pero también pueden decir que lo rayos son infinitos en número. Ambos puntos de vista pueden considerarse como igualmente válidos.

De “The Coming of God on Earth”